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En la cruz de Cristo quedó inscrita la sabiduría que el hombre necesita para vivir


XXIII Domingo del tiempo ordinario

Leemos en el libro de la Sabiduría: “Los pensamientos de los mortales son inseguros y sus razonamientos pueden equivocarse… con dificultad conocemos lo que hay sobre la tierra y a duras penas encontramos lo que está a nuestro alcance”. Y más adelante dice el texto: “Sólo con la sabiduría venida de lo alto, lograron los hombres enderezar sus caminos” (Sab. 9, 13-18).

En el Antiguo Testamento, esa sabiduría, venida de lo alto, el Espíritu se la comunicaba a los profetas y jefes, para que estos a su vez guiaran al pueblo; pero ahora esa sabiduría se ha hecho accesible y plena para todos, pues esa sabiduría es Cristo, el Hijo de Dios hecho carne y ungido por el Espíritu. En el Antiguo Testamento Moisés presentó al pueblo unas tablas de piedra que contenían los mandamientos, los cuales son principios de sabiduría para la vida. Ahora Cristo ha llevado a plenitud dichos principios, pero Él no los gravó en tablas de piedra, sino en la Cruz. De ese modo, Cristo, con su Cruz, nos ha marcado con claridad y de modo definitivo el camino de la sabiduría divina, el camino que realiza y hace enteramente libre al ser humano.

En realidad, sin el poder y la sabiduría que Cristo nos ha mostrado por el camino de la cruz, ¿hasta dónde puede llegar el ser humano? Cristo vino para estar siempre con nosotros, para guiarnos y sostenernos, pero también Él es claro y exigente: si alguno quiere seguirme, es decir, si alguno opta por mi camino y “no me prefiere a mí antes que a su padre y a su madre, a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, más aún, más que a sí mismo, no puede ser mi discípulo” (Lc. 14, 26).

Qué bueno que en el caminar de la vida contemos con un padre y una madre, con hermanos y con hermanas y con amigos, que ellos nos fortalezcan y aconsejen, pero no olvidemos que ellos no bastan, pues hoy están y mañana no sabemos; Cristo en cambio, vino para estar siempre con nosotros y el modo de optar por Él es tomando la Cruz: “Y el que no carga su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo” (Lc. 14, 27).

La Cruz de Cristo es el camino, porque ahí queda escrita la nueva sabiduría de la vida, ahí se cumplen y llevan a plenitud los mandamientos. Ahí se nos explica el amor. Como decía Juan Pablo II: “Si no hubiera existido esa agonía en la Cruz, la verdad de que Dios es Amor estaría por demostrarse”. La Cruz es sabiduría, porque nos enseña de modo rotundo la confianza que podemos tener en Dios, pues Cristo no hubiera aceptado la muerte en Cruz si antes no hubiera tenido la plena garantía de que el Padre Dios podía restituirle la vida. La Cruz de Cristo es sabiduría porque en ella comprendemos la salvación: “Pues Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él” (Jn 3, 26-27). La Cruz es la sabiduría, pues en ella entendemos lavida plena, pues la Cruz no se puede separar del Crucificado y el Crucificado no se debe separar del Resucitado y por el Resucitado, todos tenemos la esperanza de la vida que no se acaba. “Si no hay resurrección de los muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si no resucitó Cristo, vacía es nuestra predicación, vacía también vuestra fe” (1 Co 15, 13-14).

"El misterio de la Cruz y de la Resurrección nos asegura, sin embargo, que el odio, la violencia, la sangre y la muerte no tienen la última palabra en las vivencias humanas. La victoria definitiva es de Cristo y tenemos que volver a empezar desde Él, si queremos construir para todos un futuro de paz, justicia y solidaridad auténticas" (Juan Pablo II). Cristo aceptó la Cruz, para mostrarnos que Él lo ama todo y lo vence todo, así desde Él y en Él encontramos el camino de la verdadera libertad.

Pero “cuando caminamos sin la Cruz, cuando edificamos sin la Cruz y confesamos a un Cristo sin Cruz, no somos discípulos del Señor” (Papa Francisco).

¡Tomemos la cruz! La Cruz, en la que se muere a lo efímero, para vivir; para vivir en Dios y con Dios, para vivir en la verdad, en la libertad y en el amor. Desde el entendimiento de la Cruz, todos los humanos viviríamos sin complicaciones; seríamos plenamente felices.

Pbro. Carlos Sandoval Rangel
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