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Jesús, al ser bautizado, inaugura una nueva era para el mundo



Celebramos hoy la fiesta del bautismo del Señor Jesús. Como señala el evangelio, “vino Jesús al Jordán desde Galilea, para ser bautizado por Juan” (Mt. 3, 13). Se trata de un acontecimiento lleno de significados para nuestra fe. Para empezar, la pregunta de muchos es: ¿Si el bautismo de Juan era un signo de reconocimiento de los pecados y de conversión, por qué Jesús viene a tomarlo si Él no era pecador? Incluso el mismo Juan se resiste a bautizarlo, diciéndole: “Soy yo quien necesita ser bautizado por ti”.

Que Jesús se acerque a bautizar implica muchas cosas: Por una parte, Él quiere darle su lugar a los profetas, en este caso a Juan. Los profetas son enviados a preparar al pueblo hacia una nueva era. Por lo cual, Jesús, respalda a Juan, haciendo ver que efectivamente su predicación y su bautismo son el umbral de la nueva era de salvación.

Además, como señala el Catecismo de la Iglesia, el bautismo del Señor Jesús, es la inauguración de la misión del siervo doliente, que, obediente a la voluntad del Padre, asume las consecuencias de nuestro pecado (Cfr. n. 536). La imagen del siervo doliente, como profecía de la misión de Jesús, es presentada por el profeta Isaías: “Miren a mi siervo, a quien sostengo, a mi elegido, en quien tengo mis complacencias… Yo, el Señor, fiel a mi designio de salvación, te llamé, te tomé de la mano, te he formado y te he constituido alianza de un pueblo, luz de las naciones…” (Is. 42,1 ss). Efectivamente, Jesús, como Cordero llevado al matadero (cfr. Jn. 1, 29), acepta cargar sobre sí nuestras penas y dolores. Por eso, al hacerse bautizar por Juan, está inaugurando una misión que tiene cumplimiento con el momento de su pascua, momento cumbre de nuestra salvación. En ese sentido, el bautismo que recibe de Juan era un presagio del bautismo de sangre que recibiría en la Cruz, donde se cancelan todas nuestras deudas.

Si el bautismo de Juan era signo de conversión, entonces Jesús, al tomar ese bautismo, estaba asumiendo la condición pecadora de todos nosotros, entrando así en un proceso de conversión, proceso que Él lleva a término y conclusión con el acontecimiento de su muerte y resurrección.

Quienes acudían al Jordán, al aceptar el bautismo de Juan, estaban aceptando su propia condición pecadora y así manifestaban también estar abiertos a la nueva esperanza de salvación; por eso Cristo al hacerse bautizar, está indicando que su ministerio es continuación de lo que ahora realiza Juan el bautista, es decir, que quiere colocarse en el proceso de salvación que vive el pueblo, pero a la vez, es consciente de que ahora a Él le toca llevar a término final tal proceso. Parte del umbral, que era el bautismo de Juan, para entrar y hacer entrar a todos en la nueva era, la salvación definitiva. De hecho, todos los signos que prosiguen al bautismo de Jesús, son la expresión de que la salvación está llegando a su punto definitivo: “Al salir Jesús del agua, una vez bautizado, se le abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios, que descendía sobre Él en forma de paloma y se oyó una voz del cielo que decía: Este es mi hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias” (Mt. 3, 16-17).

Dicen algunos exegetas, que la apertura del cielo indica que al estar presente Jesús en la tierra, ahora el cielo y la tierra se comunican directamente; que la bajada del Espíritu Santo expresa, precisamente, el inicio de una nueva etapa en la historia de la salvación, es la fuerza del Espíritu Santo que impulsa a todos los que lo reciben a proclamar palabras y a realizar acciones inexplicables. Antes la unción era con aceite, Jesús por su parte, es ungido con el Espíritu Santo. Y desde luego se vuelve significativa la confirmación que hace el Padre: “Este es mi hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias” (Mt. 3, 17).

¡Señor Jesús, permítenos reconocernos pecadores, como todos aquellos que acudían al Jordán para que Juan los bautizara, pero ante todo permítenos reconocer que en la Cruz tú inauguraste un bautismo más alto, el bautismo que nos redime y coloca en la dignidad de hermanos tuyos e hijos de un solo Padre!

Pbro. Carlos Sandoval Rangel
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